A diez años del encuentro de Padua: Tareas pendientes para la teología moral

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A diez años del encuentro de Padua:

Tareas pendientes para la teología moral

 

Jorge José Ferrer, S.J.

Recinto de Ciencias Médicas, Universidad de Puerto Rico

 

 

Del 8 al 11 de julio de 2006 alrededor de 400 teólogos moralistas católicos, provenientes de 63 países, nos reunimos en la ciudad de Padua para celebrar un evento sin precedentes: el primer congreso intercultural de moralistas católicos. El encuentro, al igual que los que le han sucedido, puso de relieve el carácter global y multicultural de la Iglesia del siglo XXI.  La catolicidad de la Iglesia se pone de manifiesto de una manera tangible en esta diversidad. Si la teología es, entre otras cosas, hermenéutica de la fe, es evidente que el pluralismo de ubicaciones culturales y geográficas requiere la articulación de múltiples discursos teológicos. No es ya posible pretender hacer teología desde una perspectiva exclusivamente eurocéntrica. Las aportaciones de la Conferencia de Padua son una contribución a este diálogo plural que debe ser santo y seña de la teología católica del siglo XXI, muy particularmente de la teología moral.

 

Los temas tratados en Padua, como atestiguan los dos volúmenes que recogen buena parte de las aportaciones allí presentadas, siguen teniendo actualidad: globalización y justicia social, ecología, perspectiva de género, discernimiento moral y el método teológico, entre otros. Algunos de estos retos se han profundizado y han adquirido nuevas configuraciones y urgencia. Sin poder desarrollarlos a fondo, señalo algunos de los retos que considero urgentes en el momento actual y en el futuro próximo.

 

1. Identidad teológica y diálogo con la cultura secular

 

El avance de la cultura secular y secularista es innegable, también en nuestra Región. Casi una tercera parte de la población de los Estados Unidos no tiene afiliación religiosa, siendo esta tendencia más marcada entre los más jóvenes. En América Latina, donde vive hoy casi el 40% de la población católica mundial, ha descendido notablemente el número de católicos. Según datos del Pew Research Center, de 2014, solamente el 69% de los latinoamericanos se identifica como católico (90% en 1960) y el 8 % se identifica como no religioso o no afiliado. Es preciso elaborar una teología que sea capaz de tender puentes de diálogo con esta nueva cultura secular, y no pocas veces secularista, que está naciendo y que tiene una gran fuerza en los medios académicos y culturales, incluyendo los medios de comunicación masivos. Las causas son, por supuesto, complejas. Urge elaborar un discurso teológico que, sin renunciar a la esencia del mensaje cristiano, pueda entrar en diálogo creativo y constructivo con esta nueva cultura en la que, paradójicamente, también se constatan búsquedas de espiritualidad por rutas alternativas. Nuestro reto es lograr que los valores del Evangelio puedan ser levadura y fermento profético en los patrones culturales que están naciendo.

 

2. El reto de las neurociencias

 

La última década del siglo pasado fue declarada la “década del cerebro”. El gran proyecto en curso es el mapeo del cerebro humano, una iniciativa científica equivalente a lo que en su día fue el Proyecto Genoma Humano. Hace tres años, el gobierno estadounidense anunció que invertiría 100 millones de dólares en el proyecto BRAIN (Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies). A partir de los avances de las neurociencias se plantean cuestionamientos relacionados con la comprensión de nuestra índole espiritual y del libre albedrío, tema capital para la responsabilidad moral.  Además, las tecnologías neurocientíficas se pueden aplicar no solo con fines terapéuticos sino también para el “mejoramiento” humano (neuroenhancement). Se plantea que los seres humanos podremos tomar en nuestras manos el proceso evolutivo, de tal manera que nuestros descendientes superasen muchas de las limitaciones que nosotros tenemos. No se trata de remediar o prevenir la enfermedad, sino de potenciar las capacidades, físicas e intelectuales, de nuestra especie para un futuro transhumano. Las preguntas éticas que se siguen de estas posibilidades son múltiples. Enumeramos dos de ellas: ¿Vamos a destruir equilibrios establecidos por la naturaleza a través de milenios, sin tener clara conciencia de las consecuencias para la vida en este planeta? ¿Vamos a incrementar las desigualdades sociales entre pobres y pudientes?

 

3. Los temas de género, sexualidad y familia

 

Vivimos cambios sin precedentes en este renglón, al menos en los países occidentales, incluyendo los latinoamericanos. Señalo tres temas que requieren nuestra atención teológica: 1) En el último decenio se ha visto una aceptación, social y legal, cada vez mayor de las uniones de personas del mismo sexo. Es un tema que plantea retos que es preciso abordar con fidelidad al Evangelio y con apertura a las interrogantes y valores que la nueva situación representa. Y también sabiendo pedir perdón por las marginaciones, que ha dicho Francisco regresando de Armenia. ¿Cómo acompañar pastoralmente a los que viven estas nuevas situaciones y desean ser acogidos por la Iglesia? 2) Es preciso seguir avanzando en el tema de la igualdad de la mujer en la sociedad y de su participación en la toma de decisiones en la Iglesia.  3) Por último, los teólogos moralistas tenemos la responsabilidad de retomar la exhortación Amoris Letitia, profundizando su magisterio. Es urgente, sobre todo, el estudio de sus implicaciones para la articulación de una pastoral, teológicamente fundamentada, de los católicos que viven en un segundo matrimonio no canónico.

 

3. La ética ministerial, incluyendo la del ministerio teológico

 

Otro tema urgente es el de la ética en la Iglesia. Como ha señalado J. F. Keenan, en la formación ministerial se estudia la moral fundamental, la moral sexual, la bioética y la moral social, pero todavía hoy suele brillar por su ausencia la formación en la ética propia del ministerio pastoral. Creo que en dicha formación se debe incluir  también la ética organizacional de las comunidades e instituciones eclesiales y la ética del ministerio teológico. Es llamativo que los teólogos moralistas escribimos artículos y libros sobre todos los temas de ética, pero no conozco ninguna obra dedicada a la ética de la práctica de la teología como profesión.

 

4. Justicia social global, los refugiados y el ambiente

 

Los temas de justicia social siguen siendo urgentes. Hoy es preciso plantearlos no solo en el nivel de las economías nacionales, sino también en el plano global. Tradicionalmente se hablaba de la autosuficiencia económica de los Estados. Pero dicha autosuficiencia es irreal hoy, en los tiempos de una economía globalizada. Cada vez más, hay una estructura económica global que nos afecta a todos, desde el inicio de nuestras vidas. Las grandes empresas globales no están sujetas a la autoridad de ningún Estado, se guían, principalmente, por sus propios intereses y los de sus accionistas.  Como parte de la reflexión sobre la justicia social es hoy obligado ocuparse de la crisis de los refugiados y emigrantes en todo el planeta, teniendo en cuenta sus causas. Es preciso comprometernos con las transformaciones estructurales globales necesarias, para evitar que tantos seres humanos se sientan forzados a abandonar su patria y su cultura. La unidad de todo el planeta, que se constata en la economía, se pone de manifiesto, incluso con más evidencia en la ecología, el tema del cuidado de nuestra casa común que el magisterio de Francisco ha puesto sobre la mesa en su encíclica Laudato si. Más aún, pienso que es imposible hablar de justicia sin incluir el tema ecológico.

 

A los diez años de Padua, constatamos el carácter profético del movimiento allí iniciado. Palpamos, cada vez con mayor intensidad, la necesidad de articular la reflexión teológico-moral por medio de redes de trabajo, que conjugan las perspectivas locales, regionales y globales.  Solo así podemos ir articulando respuestas para los retos que nos plantean las sociedades posmodernas que estamos llamados a servir.

 

 

 

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