BAJO EL PESO DE LA LEY

0 Comment(s) | Posted | by Emilce Cuda |

“Quien quiere el cielo en la tierra, produce el infierno" -Franz Hinkelammert

Palabras claves: Estado de derecho, legalidad, legitimidad, ley positiva, ley moral, crisis ecológica, justicia, mandamientos y Laudato Si. 

Keywords: Rule of law, legality, legitimacy, positive law, moral law, ecological crisis, justice, commandments, and Laudato Si.

Estamos en el reino de la ley, eso es, finalmente, el Estado de derecho. Lo que no queda claro es si la ley, en todos los casos, sostiene en la vida o facilita la muerte. En algunos contextos políticos latinoamericanos esto es dudoso. Tomaré como marco de esta reflexión al teólogo alemán Franz Hinkelammert, quien ha hecho una interpretación fuerte, no ortodoxa, pero novedosa de los hechos actuales abriendo otra mirada sobre los mismos.

Por un lado, vemos que “los seres humanos de abajo, los oprimidos y explotados, viven diariamente explotados y oprimidos bajo el cumplimiento de la ley. Su situación de explotación y opresión no se explica por ninguna transgresión de la ley. Sus explotadores y opresores actúan respaldados por la ley, los tribunales y la policía”.

Por otro lado, vemos que, para derrocar gobiernos elegidos democráticamente, de manera legal y legítima, no hacen falta revoluciones. El mismo sistema tiene sus métodos: el aparato jurídico del Estado. Así, en nombre de la ley, en América Latina se destituyen presidentes, se encarcelan candidatos populares, se amenaza de encierro a otros, o se saca de juego a todo ciudadano -trabajador o empresario- vinculado a la política, sin pruebas ni juicio previo. 

Algo similar ocurre en con el cuidado del medio ambiente. La encíclica Laudato Si no solo ha denunciado la crisis ecológica, sino que interpela a un cambio inmediato en hábitos, costumbres y leyes si no se quiere terminar con la biología en el planeta. Sin embargo, a pesar de que movimientos y organizaciones sociales, académicos y artistas han respondido al desafío, los Estados de derecho no han tomado aun las medidas legales necesarias. De continuar con este sistema de regulaciones que legaliza -pero no legitima- la explotación inmoral de los recursos naturales, la vida de todos los seres vivos corre peligro. 

La acusación de corrupción o robo parece ser razón suficiente para que lo jurídico avance sobre lo moral. Con el correr de los siglos, el “No robarás” desplaza al “No matarás”, como razón suficiente para la condena social por parte de la opinión pública.

Esta situación jurídica -que hoy es calamitosa y urgente en algunos países del fin del mundo porque son quienes sufren de manera directa las primeras consecuencias-, hace pertinente una reflexión de Adam Smith citada por Hinkelammert: "Por poca que sea la protección que las leyes dispensan a los esclavos contra la violencia de sus señores, mucho más fácil ha de ser la ejecución de aquella ley favorable en donde el gobierno se maneja de un modo monárquico, que donde se aproxima más al estado republicano. En cualquier parte en que se halle establecida la inhumana ley de esclavitud, el magistrado a cuyo cargo está la protección de los siervos viene a mezclarse de un modo indirecto en el manejo económico de las haciendas del señor de ellos; y en un país libre en que éste amo es miembro de la Asamblea, o uno de los electores de tales miembros, el magistrado no se atreve a proteger al esclavo sino con mucha timidez y precaución, determinando estos respetos, que suele verse obligado a guardar, que aquella protección sea tibia y a veces absolutamente desatendida”.

Esta interpretación del Estado de derecho habilita la idea de la gracia, en tanto eximición del cumplimiento de la ley en favor del “No matarás” antes que del “No robarás”, ya que la vida “del sujeto viviente como sujeto necesitado”, es anterior y superior a la propiedad privada y el sistema legal que de eso deriva como su garantía inviolable. Si la necesidad se rebela frente a la ley ante la amenaza de muerte violenta por parte del Estado, eso no significa que entra en contradicción con ella sino que -según Hinkelammert-, va más allá de ella cuando está en juego la vida misma. Así lo vio Sófocles en Antígona, y Shakespeare en El mercader de Venecia.

Según la ley de Abraham… dicen y ejecutan. Esta es la interpretación bíblica, a mi juicio, que hace el teólogo alemán, al afirmar que Abraham se liberó frente a la ley cuando se dio cuenta que la ley le exigía un asesinato. Abraham no mata a su hijo porque se dio cuenta que la libertad está en “No matar”.

La ley miente cuando se autoproclama al servicio de la justicia y la libertad y entonces mata. La muerte nunca es la verdad. La verdad es la vida, sostiene Hinkelammert. Me pregunto entonces: ¿Se puede, en nombre de la libertad institucional, sacrificar la libertad del anuncio de la vida buena y en abundancia para todos?

Jesús no fundamenta la Iglesia: ni en la ley positiva, ni en ley moral. Por el contrario, la fundamenta en el amor, y esa es razón suficiente para un cristiano en cuanto a actuar misericordiosamente, haciendo actos de gracia frente a la ley, cumpliendo con lo que reza en el Padre Nuestro: “perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores” -aunque el Padre Nuestro en la actualidad ha sido modificado, y el concepto de “deuda” fue reemplazado por el de “ofensa”. Jesús no pregunta a Pedro si cumple la ley; le pregunta tres veces: “Tú me amas?” 

La afirmación de la vida pasa por no matar. Toda ley que lleve a la muerte a un sujeto vulnerable, empujándolo al delito o habilitando la adicción, es una ley que mata -es el caso de la ley que habilita los juegos de azar on line involucrando con eso a menores. “Eso es el realismo según el evangelio de Juan que difiere del realismo político de los adversarios de Jesús, en el cual se afirma la vida matando al otro”. Justificar una ley diciendo que una práctica que mata ya está instalada en los usos y costumbres son malas razones, sobre todo cuando el resultado de esa ley mata. Eso no es una justificación sino una falsa explicación por la cual la ley invierte la verdad, además de un desconocimiento de la función pedagógica de la norma y de la ley misma.

 Generar situaciones para la muerte, argumentando que es en favor de la vida, desata una lógica de la muerte. Luego, quienes obedientemente entran en esa lógica de la muerte son criminalizados. “No matar no es un mandamiento ético, es lo que constituye la humanidad y fundamenta la ética. El legalismo es sacrificial. Exige sacrificios humanos”.

Un imperio se basa sobre buenas razones para matar, según Hinkelammert. Muchos crímenes se cometen cumpliendo la ley. A Jesús se lo mata por "buenas razones", en el cumplimiento de la ley -es la tesis central del libro del teólogo alemán de la liberación. Jesús es condenado en nombre de la ley. La ley, en su caso, se aplica justamente -en términos jurídicos y legalistas. “Con su muerte se cumple la ley, por eso es un escándalo, porque un inocente muere por una ley que es ley de Dios y, por tanto, ley de leyes. Por el contrario, en el caso de la muerte de Sócrates, los jueces tergiversan la interpretación de ley; no es la ley la que lo condena, sino los malos jueces que abusan de la ley”.

El Estado de derecho es un dios que reclama: conversión a su ley, y fe en su justicia. Las personas, y los pueblos, son capaces de dar la vida en cumplimiento de ley. Los miserables de Víctor Hugo, es un buen ejemplo de eso, donde el policía pierde su vida tratando de condenar a quien, por necesidad, había tomado un pedazo insignificante de pan, lo cual -fuera de contexto y de toda sensibilidad-, era un delito, convirtiendo al necesitado en criminal. “El Judas del evangelio de Juan es un convertido a la ley”, por eso está convencido de que lo que hace es bueno, y por eso mismo juzga que Jesús merece la muerte. “En el evangelio de Juan, Judas no recibe ninguna recompensa por su colaboración con la ley; solo actúa por convicción”. El pueblo -en tanto parte excluida de la renta acumulada escandalosamente a costa de su vida-, tampoco actúa por dinero sino por conversión al dios dinero. En América Latina, no reclama la rentabilidad que le pertenece. Solo pide que se cumpla ley por la cual se debe dar al Cesar lo que es del Cesar, y así dan su vota a candidatos que no los representan. El giro a la derecha de los pueblos empobrecidos de América Latina -según lo muestran las últimas elecciones presidenciales, tanto como las apuestas, no da cuenta de la de codicia en los de abajo, sino de su fe en el Enemigo.

Quien se convierte al imperio del dios dinero, no mira la realidad desde el punto de vista de los explotados y oprimidos, sino a partir de la ley del Uno indiviso pero divisor, es decir que no es simbólico en tanto unión en la diferencia -como pide el Papa Francisco-, sino diabólico. Por eso dice Pablo que, quien busca su salvación en el cumplimiento de la ley, encuentra la muerte.

Finalmente, si no se cumple con ciertas leyes, como dijo Platón, ni la banda de ladrones no puede funcionar. Eso esta pasando en nuestro continente.


 

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