Condición de migrantes

0 Comment(s) | Posted | by Miguel Ángel Sánchez Carlos |

“Condición de migrantes” por Miguel Ángel Sánchez

Un tema de notable actualidad, aunque propio de la realidad latinoamericana por razones enconómicas y geográficas, es el fenómeno de la migración. Y se ha presentado con un sesgo particularmente dramático: las condiciones de inhumana vulnerabilidad en las que cientos de niños centroamericanos se dirigen hacia Estados Unidos, con el fin de alcanzar a sus seres queridos o con el objetivo más incierto aún de buscar un mejor futuro para sus vidas (a propósito está la película “La jaula de oro”, “The Golden Dream”, Diego Quemada-Diez, México-España 2013, 104min. https://www.youtube.com/watch?v=DaWSncSb7-8).

 

Pero ¿es acaso la migraciónn “un problema personal de algunos o muchos desafortunados”? ¿Será por eso que escuchamos, hasta en el medio familiar, que los migrantes ponen en peligro nuestra seguridad, no sólo enconómica sino incluso, laboral? ¿Convendrá entonces que el gobierno les ayude “a pasar” hacia el norte para quitarnos el problema? ¿O que se les regrese? No, más bien la migración se convierte en problema cuando respondemos a estas preguntas de forma afirmativa.

 

¿Cómo considerar entonces la migración? Podemos partir de nuestra experiencia personal o familiar. Ésta nos dice que “todos hemos sido o somos migrantes”. Lo fuimos en un periodo determinado de nuestra historia familiar o lo somos día a día.

 

Las grandes ciudades están llenas de migrantes urbanos: mujeres y varones, particularmente  latinoamericanos, que todas las mañanas recorren cortas distancias en tiempos prolongados, en transporte público sobre todo, buscando que la urbe cumpla tres de sus muchas promesas: realizarse, superarse y divertirse. Es decir, realizar un trabajo digno que permita la subsistencia familiar; acceder a una infraestructura escolar que permita capacitarse para la realización laboralmente en el futuro; apartarse de la angustia existencial y de la frustración por medio del entretenimiento. A pesar de la frustración producida por el incumplimiento frecuente de tales "promesas", la movilidad urbana permite ver a la migración como algo no tan ajeno.

 

Pero si miramos con un poco de atención los migrantes urbanos forman parte del alma de las ciudades. Ellos las han edificado con sus manos, no sólo a través de la construcción material sino sobre todo proyectando en sus obras su manera propia de ver la vida. Ellos las llenan de productos del campo que nos nutren, a través de la algarabía con la que en los mercados presentan sus múltiples colores, aromas y sabores. Así, ellos son creadores fundamentales de cultura urbana, la que va formando poco a poco la civilización de la que nuestros descendientes se sentirán orgullosos algún día.

 

De tal modo que ser migrante no es sólo una situación, forma parte, ante todo, de nuestra condición humana.

 

En esta condición de migrante se manifiesta una realidad que apela a la dimensión ética de forma ineludible: la vulnerabilidad como "posibilidad de ser herido", vulnerado, que es inherente, muchas veces de forma dramática, a la migración. Al mismo tiempo, vulnerabilidad significa dependencia radical de los demás, para forjar la identidad, propia y la del otro y para la respectiva autonomía; es trascendental, universal y personal; es una realidad relacional.

 

Pero del mismo modo, el reconocimiento es la experiencia que puede darse ente dos sujetos, fundamentada en el ser social de la persona, en la necesidad del aprecio de su identidad y de su dignidad y en el aspecto relacional de la supervivencia. Ahí el migrante, el de condición y, urgentemente, el de situación, puede ser otro, semejante, prójimo.

Se trata de una dinámica que, como el fenómeno migratorio, no es algo romántico, pues implica la tensión existente entre el imperativo del reconocimiento universal de la dignidad humana y el reconocimiento social de la singularidad de cada persona y de su cultura, de su derecho a vivir su condición de migrante.

 

Como en "La jaula de  oro", el reconocimiento de tal condición puede llevar a la reparación del ser más vulnerable y vulnerado (el niño o la niña) o a mostrar lo peor de lo humano.

 

Los migrantes nos ponen ante el desafío ético de ser factor activo o pasivo de su vulnerabilidad vulnerada o sujetos precursores de la reparación que incida positivamente  en la realización de las mejores promesas de nuestras grandes ciudades, es decir, de Ciudades Santas.

 

 

Nota: para mayor información también se recomienda visitar el sitio: http://www.migranteshoy.celam.org/

 

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