El Bolsonarismo, una teopolítica fundamentalista neoliberal

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Keywords: Politics, religious and economic fundamentalism, Bolsonarism.

1. Fundamentalismo económico y el fundamentalismo religioso

El fundamentalismo parte de una afirmación absoluta con respecto a su propia verdad y rechaza como falsos los argumentos discordantes. La alianza de dos fundamentalismos en torno del Bolsonarismo desequilibró la esfera política brasileña: fundamentalismo económico y fundamentalismo religioso.

En el fundamentalismo económico el existir humano gira en torno al dinero. Pues bien, la acumulación privada e ilimitada de riqueza es el eje del capitalismo neoliberal. Algunas señales del neoliberalismo como fundamentalismo económico serían: la imposición de una verdad como absoluta, apoyada en una ciencia económica como única vía para el conocimiento de la realidad y la intervención sobre ella; la economía, como ciencia exacta, superpuesta a la política; el pluralismo teórico y práctico resignado ante la verdad de las soluciones económicas; individualismo radical.

El “secuestro” de la política se concreta en el rol del complejo financiero-empresarial privado transnacional en las decisiones de los gobiernos. El sistema redujo el espacio político de los países más vulnerables. El “secuestro” de la política se traduce por la influencia política desproporcional en relación a otros actores sociales. Seguridad social, salud, educación, se transforman en sus fuentes de acumulación de capital. El capital no tiene ninguna función social. Las reglas y lógicas del mercado desestabilizan la democracia.

El fundamentalismo religioso está constituido por una mezcla de moralismo (comportamiento), tradicionalismo y meritocracia (teología de la prosperidad). La divinidad se somete a las ambiciones humanas. Dios es utilizado como elemento del discurso político. La “bandera” política se transmuta en causa de Dios. Decisiones políticas son “obras del Señor”. La acción política, las instituciones públicas y los políticos deben orientarse por verdades de fe. Los adversarios ideológicos son enemigos de Dios. En la Iglesia Católica, el fundamentalismo irrumpe en movimientos neoconservadores, que rechazan la renovación del Concilio Vaticano II. En el protestantismo, el “neopentecostalismo” se utiliza para referirse a las iglesias evangélicas nacidas a partir de la década de 1980. Se caracteriza por una alianza de lo espiritual con el dinero y con el poder político. La teología es la de la prosperidad aplicada al mercado y a la política.

2. Bolsonarismo

El Bolsonarismo se presenta como un gobierno autoritario confesional-militar. Jair Messias Bolsonaro es el primer presidente con discurso evangélico neopentecostal. En el discurso de la victoria (28 de octubre) Bolsonaro citó a Dios varias veces y afirmó: “A nuestro lema lo fui a buscar a lo que muchos llaman caja de herramientas para reparar al hombre y a la mujer, que es la “Biblia Sagrada”. Lema bolsonarista: “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”. Bolsonaro invoca a la nación y el nombre de Dios, colocando ambos en la arena política junto a su nombre. Quien ataca a Bolsonaro es enemigo “de la patria”, luego de Dios. Dios, patria y Bolsonaro son una trinidad que tiene la misión de “hacer la mayor limpieza que este país haya visto”.

El Bolsonarismo es la adhesión a la figura de Bolsonaro (llamado “mito” por sus seguidores). Mucha gente pasa a creer en la manera “bolsonara” de pensar. El repertorio va desde el ataque simbólico contra mujeres, negros y homosexuales hasta discursos fascistas, como el apoyo a torturadores militares y la incitación de la violencia y el odio. El Bolsonarismo tiene vínculos con las “milicias” de Río de Janeiro (los asesinos de la concejal carioca Marielle Franco). El gobierno bolsonarista estimula la guerra contra los campesinos del MST y criminaliza los movimientos sociales de resistencia al gobierno.

3. Populismo digital y redes sociales bolsonaristas

Una de las primeras reglas de la política de extrema derecha es satanizar a su enemigo. El Bolsonarismo invade con perfiles de Facebook, compra espacios en redes sociales, dispara cantidades absurdas de correos electrónicos y sms. Las redes sociales forman la base de apoyo de Bolsonaro. Las redes sociales cambiaron la forma de hacer la política. La mayoría del electorado se “informa” a través de redes sociales. La crisis política en Brasil marcó el fin de la era de las agencias de marketing político. Las campañas electorales recurren cada vez más a la internet. Los datos del Informe 2018 de Global Digital demuestran que, en Brasil, los jóvenes pasan, en promedio, más de nueve horas al día navegando por Internet. Eso es el doble del tiempo que pasan en la escuela. 

Brasil, según la encuesta global, es el país que más concentra populistas entre todas las naciones encuestadas. El 42% de los entrevistados brasileños se dijeron adeptos a discursos populistas. En Estados Unidos, sólo 1 entre 4 ciudadanos se declara populista. Los populistas mostraron una probabilidad considerablemente mayor de aceptar la visión de que el sistema político de su país está “roto” y necesita un “cambio total”. También confían menos en la televisión y otros canales de noticias. Consumen información a través de plataformas de medios sociales. El Informe sirve de alguna manera para entender el éxito en las urnas de populistas de derecha como Bolsonaro ¿Qué papel ejercen en la política las grandes plataformas que dominan la capa de aplicaciones de internet Google (dueña de YouTube), Facebook (dueña del WhatsApp), Twitter y otras? El término “seguidor” no tiene nada de inocente: fidelizar es transformar el seguidor en fiel ¿Cómo evaluar el impacto de las redes sociales e Internet como instrumentos de la democracia? 

Conclusión

La alianza entre fundamentalismo económico y fundamentalismo religioso reconfigura el escenario político. En ella, el “elegido” Bolsonaro tiene una misión recibida de Dios y del mercado. En esa “Teopolítica neoliberal”, la religión y la economía se funden en lo político. Representantes de iglesias y del mercado son nombrados para funciones ejecutivas en todas las esferas del poder público.

La distancia entre ricos y pobres está pasando a nuevos extremos. Brasil tiene 52,2 millones de personas en situación de pobreza. El 8% más rico tiene el 87% de la riqueza. 30 millones de trabajadores no tiene trabajo. El Bolsonarismo no tiene ningún proyecto para combatir la pobreza y el desempleo. Un equipo de operadores del sistema financiero dirige la economía brasileña sin ninguna visión de políticas públicas. Con el apoyo de los medios de comunicación, el plan es “una economía para 30 millones”. Es un neoliberalismo radical que ignora las políticas sociales y favorece el aumento de las desigualdades a niveles intolerables.

El Bolsonarismo no esconde su desprecio por la democracia. “Queremos jóvenes que empiecen a no interesarse por la política” (Jair Messias Bolsonaro, presidente de Brasil).

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