“Francisco en CUBA y EE.UU.: Teología de los gestos y culture wars”

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“Francisco en CUBA y EE.UU.: Teología de los gestos y culture wars”

por María Teresa Dávila – Puerto Rico/EE.UU.

 

Todavía teníamos fresca la visión del Papa acomodado en su avión de regreso a Roma, cuando salió una noticia que acechaba interrumpir las buenas emociones de la visita papal a Cuba y los EE.UU.. “El papa se reunió clandestinamente con Kim Davis!” clamaban algunos medios de información. Esta reunión con la que se hizo famosa rechazando aplicaciones de licencias de matrimonio para parejas del mismo sexo amenazaba con arropar el tour papal bajo las malditas guerras de cultura (culture wars) que tanto dominan el pensar cristiano en los EE.UU..  Sin embargo, la pregunta de si Francisco pudo o no hacerle frente a las guerras de cultura no se puede contestar con un simple sí o no.

 

Contestamos que sí, en efecto Francisco supera las guerras de cultura por medio de tres elementos claves de su postura pública: la misericordia, el encuentro, y la sorpresa. Éstas están arraigadas tanto a su teología como a su antropología, además de estar relacionadas entre sí. Y las mismas se entrelazan para abrirle paso al mensaje clave de la cristiandad: la esperanza. Como el mismo Francisco habló en su homilía en la Plaza de la Revolución en Holguín, la mirada misericordiosa de Jesús que se lanza al encuentro con aquellos que el mundo considera desechables, invisibles, o intocables, sorprende al lector del evangelio porque presenta dinámicas inesperadas que interrumpen los sistemas y clasificaciones sociales/culturales/políticas/económicas/religiosas. En ese momento nace una esperanza que no es posible fuera del encuentro auténtico arraigado a la misericordia tanto para los personajes del evangelio, como para el lector, como para el pueblo cubano que escuchaba en aquel momento.

 

Serán muchos los momentos en que el encuentro, la misericordia y la sorpresa marcan la presencia del papa en Cuba, como por ejemplo la visita de Francisco a Fidel Castro. Pero creo que el más significativo fue su respuesta al mensaje de un joven que le habló directamente durante su visita a los jóvenes del Centro Cultural Padre Félix Varela. Aquí Francisco discutió la necesidad humana de soñar, tan importante para la salud de la esperanza en cada generación. Tanto el joven como Francisco hacen la letanía de obstáculos para soñar, retos que acaban con la posibilidad de planificar para el futuro, como lo son la mala educación, falta de empleo, pobres relaciones interfamiliares, autoridades inefectivas y que se sirven de aquello que debe ser para beneficio del pueblo. En su respuesta Francisco alienta al joven – y por él a todos, en especial a la iglesia – a que cultivemos tanto la habilidad de soñar como los mismos sueños porque sin ellos no existe la esperanza.

 

En EE.UU. Francisco continuó afirmando su tratado misericordia-encuentro-sorpresa. Esto se vio en gestos muy personales pero también en ámbitos públicos y oficiales. Se puede decir que cuatro grupos recibieron una atención especial de parte Francisco durante su visita: las familias, los inmigrantes, los prisioneros, y el medio ambiente. En varios ámbitos continuó con el hilo sobre el “soñar” como clave humana de relevancia social y política. Y esto lo logró por medio de la impresionante sorpresa de la selección de cuatro “Americanos de distinción” que fueron el marco de sus comentarios en el Congreso: Abraham Lincoln, Dorothy Day, Martin Luther King Jr., y Thomas Merton. A éstos Francisco los enumeró por las virtudes que representan: libertad, justicia, igualdad, y apertura al diálogo. De los cuatro, tres vienen siendo representantes de la filosofía de la no-violencia en EE.UU. y a nivel global. Frente al Congreso y en el contexto de la protección de la dignidad humana desde su concepción hasta la muerte natural Francisco menciona específicamente la injusticia de la pena de muerte y clama por su abolición. Desafortunadamente, es aquí donde tenemos que decir que Francisco quizá no pudo del todo superar las guerras culturales puesto que la mención directa de la pena de muerte en vez del aborto como afronte a la dignidad humana despertó en muchos combatientes del movimiento pro-vida un sentido de abandono, de que la lucha estaba perdida. Para muchos esto fue un eco de aquellos primeros comentarios que hiciera Francisco sobre la necesidad de expandir los puntos de interés públicos para el católico. Resulta que también aquí muchos se fueron tristes porque tenían demasiado (Mc 10:17-22). Las palabras de Francisco se refuerzan días después cuando los encarcelados en una prisión en Filadelfia comienzan a abrazar al pontífice en una muestra sorprendente de encuentro y solidaridad.

 

En la ONU Francisco enfatiza el medio ambiente y la venta de armas como las amenazas mas graves a la familia humana, retos cuyas soluciones están en nuestras manos. Los mensajes de Francisco están marcados de empoderamiento, el llamado a una humanidad que debe y que puede, pero que primero necesita encontrar aquellas y aquellos que claman por otro mundo posible. En especial, Francisco se dirige a las familias migrantes y por medio de ellas a todas las familias.

 

En cierta medida Francisco transciende las guerras de cultura porque tanto en Cuba como en EE.UU. se presentó sin castigo ni reproches a la gente que lo escuchaba. Los católicos de EE.UU. en especial estamos muy acostumbrados, y hasta adictos a esta manera de liderazgo, aquel que se impone especialmente trazando y notando las líneas de la ortodoxia y la exclusión. Pero ese no es el acercamiento de Francisco, que tiernamente acogió a la niña de familia inmigrante que corrió hacia él en una de sus rutas. Y mientras muchos comentaristas estadounidenses anglosajones comentaban sobre estos “gestos” populares del papa, los teólogos latinos comentábamos que los gestos son teología, son doctrina. Nada mas y nada menos. Esta aclaración es esencial para admirar en su complejidad la postura de misericordia-encuentro-sorpresa. Dentro de este entendimiento el encuentro con la Kim Davis no es un salvo en la guerra de cultura del matrimonio gay, sino gesto-teología-doctrina de que al otro que ha sufrido se le ama en un encuentro transformador. No es Francisco el que no puede vencer las culture wars, sino aquellos que se empeñan en confundir las mismas con la plenitud del mensaje cristiano. Para mí esto se va corrigiendo con la frase que mas me impactó de toda la visita de Francisco: “¡Vayan sin miedo! ¡Vayan sin asco! ¡Vayan y anuncien esa alegría que es para todo el pueblo!” 

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