Francisco: ¿Etica, Política o Teología Pastoral?

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Francisco: ¿Etica, Política o Teología Pastoral?

Emilce Cuda

“Soplan vientos del sur”, dijo el teólogo y pastoralista argentino Carlos María Galli cuando su compatriota Jorge Mario Bergoglio fue nombrado Francisco en Roma.[1] La fuerza de lo fático, el gesto comprometido con la pobreza del papa latinoamericano, irrumpió en el debate secular sobre religión y política con la cuestión teológica la cual, reinstalándose luego de más de dos siglos de desplazamiento en ámbitos de la alta academia interdisciplinaria, denuncia el quietismo religioso y convoca a una conversión que implica: un compromiso teológico al cual nombra pastoral; en el espacio político al cual nombra cultural; y con sapiencia popular a la cual nombra teologal. La teología “con tonada latinoamericana”,[2] como el tango –agregaría yo-, que siendo “canción maleva, canción de Buenos Aires, nacida en el suburbio hoy suena en todo el mundo”. [3]

Otras voces llegan ahora a Europa, Asia, África y Norteamérica. Hoy, el idioma español de los teólogos latinoamericanos se escucha y se traduce en todo el mundo. Lo que antes era ruido ahora es palabra. Lo que antes no tenía razón de ser visto, ahora es visible y audible.[4] Con esa palabra llega la teología de la cultura del fin del mundo a otros ámbitos de debate, irrumpiéndolos, desviándolos, escandalizándolos. Llega con su sapiencia política y social popular, sus prácticas pastorales urbanas, su crítica profética directa y sin tiempos verbales compuestos, sus modos litúrgicos de institución y su vocabulario de la calle.

Pero traducir otras voces fue y será un problema y al mismo tiempo un desafío ineludible para quienes asumimos la responsabilidad histórica de hacernos eco y memoria de esas voces. No es suficiente conocer la lengua, es necesario interpretarla desde un contexto cultural que ha sido padecido; es necesario habitar el lenguaje. No se traducen solo vocablos, sino toda una cultura. En el acto mismo de traducir inevitablemente se pone en cuestión todo el campo cultural que determina el sentido, el campo semántico en que, esos vocablos, aparece y dice. No es tarea fácil llevar las voces de un continente a otro sin que los paradigmas culturales hegemónicos determinen las interpretaciones posibles. Pero al mismo tiempo, la palabra teológica tiene su propia eficacia, no solo por el hecho de ser dicha, sino por teologal –es decir, por ser Palabra encarnada, connatural en el hombre, por gracia del Hombre-Dios que lo hizo posible. Los teólogos argentinos y latinoamericanos tenemos mucho por hacer, hacer la traducción idiomática y semántica de nosotros mismos –que somos nosotros, nuestros profesores, nuestros colegas, nuestros mártires y nuestros pueblos- a otros contextos, para que el mensaje pontificio sea efectivo. Será nuestro modo de rezar por él. Pero ¿Cómo tener olor a oveja? (EG 24)

Hasta ahora, toda palabra referida a lo sagrado levantaba sospecha a partir de un liberalismo europeo, que primero fue anticatólico desde fines del siglo XVIII, y luego anti-religioso a partir de las manifestaciones fundamentalistas de los últimos tiempos. Dicho de otro modo, la religión –y no la teología-, en su relación Iglesia-Estado, es el tema en cuestión por más de dos siglos, ya sea por ser funcional al Estado asegurando el cumplimiento de sus fines, o para ser privatizada como modo elegante de invisibilización y enmudecimiento, desactivando cualquier posible mecanismo emancipador. En los pocos casos en que la teología interesó a los académicos seculares fue solo también a partir de la relación Iglesia-Estado, como posible fundamento de poderes totalitarios.[5] Pero resulta que, como bien destacó Ratzinger en sus debates con Habermas,[6] y Paolo Flores D’Arcais,[7] la teología no solo nace en el seno del Imperio Romano para combatir la religión, sino también la teología política secular como modo de fundamentación del poder soberano inmanente.

Dicho de otro modo, los dos aspectos bajo los que hoy sobrevivió lo sagrado, religión o teología política, son precisamente los discursos que la teología católica irrumpió y combatió en sus inicios. Benedicto XVI levantó ese guante y Francisco lo toma valiéndose de herramientas conceptuales teológicas latinoamericanas y argentinas -las cuales aparecen en Aparecida mediante la redacción de las conclusiones finales a cargo de Bergoglio, y de los aportes de los peritos teológicos argentinos Carlos María Galli, y Víctor Manuel Fernández.

“Primereando” cualquier argumento racionalista, el papa argentino, con claridad meridiana, se despega de una religión intimista privada, y convoca a una teología comprometida, visible, audible y pública. Hace de la teología moral academicista una práctica teologal en y desde la cultural. De este modo, Francisco confiere a la pastoral estatus teológico, en línea con el magisterio conciliar del Vaticano II, y con el magisterio episcopal latinoamericano de Medellín, Puebla, San Domingo y Aparecida.  La Iglesia latinoamericana que, como Iglesia particular, es parte concreta del Pueblo de Dios,[8] y por lo tanto también es auctoritas para interpretar los signos de los tiempos a la luz de los Evangelios, de la tradición de la Iglesia universal y de su propia tradición criolla, continua en Roma. 

A simple vista, el primer documento del papa argentino, Evangelii Gadium, [9] aparece  como anacronismo e irrupción, si se piensa que la Teología de la Liberación ya pasó, y que la pampa no es Europa. Sin embargo, si se considera la pobreza como consecuencia estructural de una cultura globalizada –tal y como profetisa la teología latinoamericana por casi cincuenta años-, entonces, el documento es solamente el gesto de decir lo mismo con decisión soberana. La exhortación no solo recoge categorías teológicas de documentos pontificios y conciliares como Evangelii Nuntiandi o Gadium et Spes -los cuales resultan evidentes a cualquier lector conocedor del magisterio-, sino también categorías teológicas latinoamericanas recogidas del documento de la Conferencia Episcopal de Aparecida,[10] –no tan conocida a nivel mundial. También pueden identificarse categorías teológicas de origen argentino, las cuales, y sin lugar a dudas, representan una novedad para el mundo, aunque son de larga data. Lucio Gera, Rafael Tello, Juan Carlos Scannone, entre los pioneros, o Carlos María Galli y Víctor Manuel Fernández, entre los contemporáneos, son nombres que comenzarán a sumarse a la larga lista de los teólogos latinoamericanos conocidos mundialmente.[11]

En Aparecida los obispos latinoamericanos no hablarán del fundamento teológico de lo político sino de “cultura”, una categoría que impulsan los teólogos argentinos Lucio Gera y Rafael Tello en los años sesenta, originando localmente la Teología de la Cultura. Del mismo modo, Francisco en Evangelii Gadium habla de  “teología pastoral”, como crítica y transformadora de las estructuras, antes que colaboradora de un estatus-quo, inversión que cambia el enfoque de pensar la relación entre religión y política, y también entre Iglesia-Estado. La teología como pastoral fue desarrollada en profundidad por los teólogos argentinos como Carlos María Galli y Víctor Manuel Fernández, colaboradores cercanos del actual papa.

Por último, haré referencia a la formula calcedónica que atraviesa como fundamento teológico ambos documento,[12] la cual ha sido desarrollada ampliamente por otro teólogo argentino contemporáneo -aunque de la vieja guardia-, Juan Carlos Scannone.[13] La unión hipostática de las dos naturalezas en la única persona del Hijo, fundamenta un modelo de vida que va más allá de la mera idea de igualdad por creación del deísmo liberal, y permite fundamentar la unidad en la distinción, sin necesidad de caer en el totalitarismo que evita la diferencia, ni en el  multiculturalismo que impide la unidad. De este modo, la teología pastoral puede legítimamente comprometerse con una idea de justicia que no es aniquilamiento de la diferencia sino conversión a la unidad en la distinción.[14]

La teología de Francisco no es, ni religión ni política, es teología pastoral, urbana, porque Dios vive en la Ciudad, y no en el desierto. La teología pastoral tiene como sujeto a los mismos pueblos, ya que para la corriente teológica argentina “el pueblo evangeliza al pueblo” (AP 11).  No se habla de ciencia sino de sapiencia, como sensu  fidei, como Palabra encarnada en los hombres y en los pueblos, fundamentada las dos naturalezas –Divina y humana- en un singular: Jesús, el Cristo. La Palabra encarnada confiere un saber a los hombres y los pueblos que les es connatural, allende de toda ciencia, y le permite discernir y decidir el destino de sus vidas y su descendencia. Esto basta como fundamento de la dignidad humana para los obispos latinoamericanos (AP 104-112). Por eso la teología pastoral desplaza a la religión ya que, mientras esta última retiene en el intimismo, el individualismo y la fuga de la realidad sin resolver los problemas económicos, sociales y políticos urgentes (Cf. AP 148), la primera exilia a la misión evangelizadora. El discípulo misionero reemplaza, en América Latina, al hombre religioso (Cf. AP 121).  Esos son los vientos que soplan desde el sur, donde lo moral de la religión deviene en teología pastoral como conversión y denuncia profética. “¡Atrevámonos un poco más a primerear!”, (EG 24)  a “involucrarse”, y no quedar en principios o “meras generalidades que no interpelan a nadie”, (EG 182).

 



[1] Cf. Galli, C. M., “Sopló viento del Sur”, Criterio 2391 (2013) 20-23.

[2] Cf. Galli, C. M. Dios vive en la ciudad, Ágape, Buenos Aires, 2014, pg. 14-45;  Gutiérrez, G. La densidad del presente, Sígueme, Salamanca, 2003, pg. 41-70.

[3] Tango: Canción de Buenos Aires.

[4] Cf. Rancière, J, El desacuerdo, Buenos Aires, Nueva visión, 2007, pg. 45.

[5] Cf. Cuda, E. “La liturgia como práctica teológica y política en los nuevos modos de participación ciudadano virtual”, en: SAT (ed.), La transmisión de la fe en el mundo de las nuevas tecnologías, Buenos Aires, Ágape, 2014, 259-266.

[6] Cf. Debate Habermas, Ratzinger, 19 de Enero de 2004, Academia Católica de Baviera en Múnich.

[7]Cf.  Ratzinger, J., Flores D’Arcais, ¿Dios existe?, Buenos Aires, Espasa Calpe, 2008.

[8] Cf. Galli, C. M., El pueblo de Dios en los pueblos del mundial, tesis doctoral, UCA, Facultad de Teología, 1993.

[9] S.S. Francisco,  Exhortación Apostólica Evangelii Gadium, Roma, 2014.  [citado como EG]

[10] IV CELAM,  Aparecida. Documento Conclusivo, Bogotá, CELAM, 2007. [citado como AP]

[11] Cf. Gonzales, M. La reflexión teológica en Argentina (1962-204), EDUC, Córdoba, 2005.

[12] Cf. Denzinger, E., El magisterio de la Iglesia, Barcelona, Herder, 1963, 54, N.148.

[13]Cf.  Scannone, J.C., Nuevo punto  de partida de la filosofía latinoamericana, Guadalupe, Buenos Aires, 1990.

[14] Cf. Fernández, V. M., Conversión pastoral y nuevas estructuras. Buenos Aires, Ágape, 2010.

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