Indignación ética ante la ausencia del Estado de Derecho

0 Comment(s) | Posted | by Miguel Ángel Sánchez Carlos |

Indignación ética ante la ausencia del Estado de Derecho

(Miguel Angel Sanchez - Mexico)

 

Se dice que en las crisis sociales puede aparecer lo peor o lo mejor de la humanidad. En los últimos meses se ha hablado mucho en México sobre los problemas que han provocado los grupos relacionados con el narcotráfico en el Estado de Michoacán, al oeste de México: sicarios que, aprovechando la corrupción de políticos y policías, comenzaron cobrando cuotas a productores y empresarios a cambio de “seguridad”, y terminaron extendiendo esos cobros a toda la población, no sólo en dinero sino también secuestrando y asesinando a quienes no se someten a sus exigencias y violando a mujeres y jovencitas.

 

En esta crisis no ha faltado el lenguaje simbólico que, utilizando el imaginario colectivo, cultural o religioso, transmite un mensaje a la sociedad, ya sea de forma manipuladora para engañar o de manera concientizadora para invitar a la movilización liberadora. En el primer caso está el grupo autollamado “los Caballeros Templarios”, un grupo de narcotraficantes y sicarios, quienes en la lógica y en la mística militar han logrado someter comunidades michoacanas, sembrando terror y muerte entre la población, utilizando el sentido religioso que tuvo ese movimiento medieval pero distorsionando cruelmente su práctica militar.

 

En el segundo caso están las “Autodefensas comunitarias”, quienes como último recurso han tomado las armas para someter a los delincuentes, entregarlos a las autoridades  o expulsarlos de sus localidades, recordando que los pueblos no se forman sólo de individuos sino más bien de sujetos comunitarios, quienes como tales han asumido la tarea de orden y gobierno a la que las autoridades han renunciado debido a la corrupción. Esta situación nos plantea estas preguntas: Si la autoridad local, estatal y federal no cumple su deber contra los criminales ¿a quién puede recurrir la comunidad? ¿La agresión armada de quienes suplantan a la autoridad justifica una respuesta comunitaria de la misma magnitud, es decir, armada también?

 

La razón del brote de las autodefensas comunitarias la expresa muy claramente el médico veterinario del municipio de Tepalcatepec, Michoacán, José Manuel Mireles, cuando afirma: “Llegaban (los criminales) a tocar a la puerta de las casas y decían: ‘Me gusta mucho tu mujer, ahorita te la traigo, pero mientras me bañas a tu niña porque esa sí se va a quedar conmigo varios días’, y no te la regresaban hasta que estaba embarazada”. Este fue el último detonante para que la comunidad se levantara en armas y su estrategia se fuera extendiendo en el Estado de Michoacán, hasta que prácticamente se le uniera el Ejército Federal.

 

Una situación en la que se vulnera de forma tan grave la dignidad humana de personas y comunidades puede desencadenar la llamada “indignación ética”, que lleva a una acción liberadora, utilizando medios proporcionados que surtan un efecto liberador de la situación opresora. ¿Las autodefensas comunitarias son un ejemplo de esta indignación ética?

 

Evidentemente que ésta no ha sido una decisión sencilla, pues además de que las autodefensas son un grupo armado, se habla, como en todo conflicto entre grupos, de gente infiltrada y de traiciones. La misma iglesia se ha sumado al clamor de las comunidades en su demanda de justicia y de orden social. A nivel diocesano, el obispo de Apatzingán ha denunciado la violencia existente. A nivel parroquial, algunos sacerdotes han desafiado el enorme poder del crimen organizado, y si bien no han justificado abiertamente el recurso a las armas por parte de las autodefensas, sí han declarado la necesidad de sobreponerse al miedo a la denuncia y han aclarado que el dinero para organizar las autodefensas no viene del narcotráfico, sino de sectores civiles de los mismos pueblos afectados, tanto en Michoacán como de los migrantes que trabajan en Estados Unidos.

 

La pregunta por la dimensión comunitaria que subyace en esta problemática puede ayudarnos en nuestra reflexión ética: ¿Cómo acompañar a las comunidades locales desde nuestra identidad eclesial en sus diversas problemáticas sociales? ¿Qué medidas tomar para que nuestra reflexión ética sea un aporte a la práctica por la justicia social que las comunidades realizan a partir de su indignación?

 

Obviamente que esta problemática ha hecho reaccionar a las autoridades federales, quienes han transitado del “aquí no pasa nada” al “todos juntos con Michoacán”. De tal manera que ahora se realizan maniobras militares conjuntas entre las autoridades y las autodefensas contra los Caballeros Templarios. Pero caben finalmente estas preguntas: ¿Cómo podremos aprovechar al máximo en México el movimiento comunitario autogestivo que esta problemática ha desatado? ¿Es la legalidad el  límite de nuestro compromiso ético? ¿Con qué mecanismos podemos exigir que la autoridad cumpla con el deber para el que ha sido electa?

 

Desgraciadamente, no es el Estado de Michoacán el único que sufre esta problemática criminal indignante en México. Otros Estados y comunidades locales la padecen. ¿Esperaremos como personas ocupadas de la reflexión ética o como instituciones educativas que la indignación provoque otros levantamientos sociales? ¿Estamos dispuestos a cooperar con sus justas demandas desde nuestras propias “trincheras”?

 

 

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