La Crisis Financiera a la Luz De la Doctrina Social de la Iglesia

1 Comment(s) | Posted | by Pablo Blanco Gonzalez |

“El colapso de Argentina dio lugar a la suspensión de pagos más grande de la historia. Los expertos están de acuerdo en que éste es sólo el último de una serie de salvamentos encabezados por el FMI que despilfarraron miles de millones de dólares y no lograron salvar a las economías que pretendían ayudar”[2] --Joseph Stiglitz.

Llegan desde Europa las noticias sobre la crisis y la analogía con lo sucedido en Argentina en 2001 parece inevitable. Mientras algunos analistas mencionan la necesidad de aplicar recetas o minimizar impactos, la Iglesia y su Doctrina Social vienen recordar a quienes piensan que en economía se trata sólo de manipular variables y aplicar recetas, que “las disfunciones económicas siempre comportan costes humanos”[3] y por tanto una dimensión ética.

El contexto en el cual se desenvuelven los Estados, en especial el nuevo contexto económico-comercial y financiero internacional, caracterizado por una creciente movilidad de los capitales financieros y los medios de producción materiales e inmateriales, impone enormes limitaciones a la soberanía del Estado Las lecciones que provienen de las crisis económicas - en ese contexto - revalorizan contrariamente el papel y poder del Estado, para afrontar los desafíos del mundo actual[4]. Precisamente, las lecciones de la crisis Argentina, muestran la necesidad de recuperar la soberanía política y económica.

Otra gran lección que deja la crisis Argentina y actual, es el rol de la cooperación y de los organismos internacionales de crédito, cuya subistencia pareciera estar condicionada a la existencia de situaciones de dependencia y desigualdad entre países desarrollados y en vías de desarrollo.

Señala al respecto Benedicto XVI, que “los propios organismos internacionales deberían preguntarse sobre la eficacia real de sus aparatos burocráticos y administrativos, frecuentemente demasiado costosos. A veces, el destinatario de las ayudas resulta útil para quien lo ayuda y, así, los pobres sirven para mantener costosos organismos burocráticos, que destinan a la propia conservación un porcentaje demasiado elevado de esos recursos que deberían ser destinados al desarrollo”[5].

Eso no quita, que en el actual contexto no tengan validez las iniciativas de asistencia y la creación de nuevas instancias para financiar el desarrollo, pero es preciso una regulación del sector financiero para “salvaguardar a los sujetos más débiles e impedir escandalosas especulaciones”... porque “los sectores más vulnerables de la población, siempre deben ser protegidos de la amenaza de la usura y la desesperación” [6].

Las crisis europeas y la crisis argentina nos alertan sobre esta situación verdaderamente escandalosa, pero también sobre otras cuestiones acerca de las cuales la Iglesia llama la atención: la persistente y creciente desigualdad, la imperiosa necesidad de desarrollo integral del hombre; la afirmación del destino universal de los bienes: la necesidad de participación de los Católicos en política; la globalización de la solidaridad y una nueva visión ética y moral del desarrollo.

Todo esto no alcanza sin embargo, si no cambia el corazón - como bien dice Benedicto XVI en su Deus Caritas Est - o si no hay una vía de la Caridad que inspire los cambios y la economía, donde el centro sea verdaderamente el Hombre. Tampoco alcanza con la Caridad si no se trabaja simultáneamente en la institucionalización de la Ética “se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o «después» de ella. El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del Hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente”[7].

Viendo lo que pasa hoy en Europa, o lo que pasó a fines de 2008 durante la crisis financiera internacional, la lógica general del sistema mundial aún no ha cambiado. Los mecanismos que se utilizan para regular las crisis siguen siendo básicamente los mismos: aumento de la edad jubilatoria, de la presión impositiva, desaceleración del gasto público, reducción de salarios, ayudas y subvenciones, “préstamos “blandos” de organismos de crédito, ayudas financieras y “salvatajes”, “enfriamiento” de la economía, y presiones de todo tipo - ejercidas por las “autoridades” financieras - que ponen en tela de juicio el mismísimo concepto de Estado Nación.

Durante mucho tiempo se creyó que “la realidad” era eso: un “afuera inmodificable” ante lo cual no se podía hacer nada (más que colisionar contra ella, adecuarse a ella o resignarse). Este concepto se ha construido e instituido deliberadamente, hasta naturalizarse, incluso utilizando índices de marginación como disciplinador social para sostener un determinado “statu quo”.

Hoy observamos, manifestaciones, pasos y huellas de una sociedad que “se mueve”, que desafía esa representación instituida de “la realidad” como “afuera inmodificable”, que intenta recuperar la administración de los “recuerdos” y de los “olvidos”. La realidad es lo que estamos haciendo que sea real, y esto representa un avance hacia la conciencia de la realidad como un proceso histórico aconteciente, en el cual cada singularidad, cada colectividad y cada organización, en la medida que co-inciden se vuelven co-protagonistas significativos.

Tal vez sea como dice Edgar Morín[8], “todo ha recomenzado, pero sin que nos hayamos dado cuenta. Estamos en los comienzos, modestos, invisibles, marginales, dispersos. Pero ya existe, en todos los continentes, hay una efervescencia creativa, una multitud de iniciativas locales en el sentido de la regeneración económica, social, política, cognitiva, educativa, étnica, o de la reforma de vida. Estas iniciativas no se conocen unas a otras; ninguna Administración las enumera, ningún partido se da por enterado. Pero son el vivero del futuro. Se trata de reconocerlas, de censarlas, de compararlas, de catalogarlas y de conjugarlas en una pluralidad de caminos reformadores. Son estas vías múltiples las que, al desarrollarse conjuntamente, se conjugarán para formar la vía nueva que podría conducirnos hacia la todavía invisible e inconcebible metamorfosis”.

[1]Artículo elaborado a partir la investigación publicada “La Convertibilidad y la crisis de 2001 en Argentina: Crónica y revisión de un final anunciado a la luz de la DSI” (autor: Lic. Pablo A. Blanco).
[2] Rodrik, Dani. “Reform in Argentina, take two” , pág. 2.
[3] Caritas in Veritate, no 32. 
[4] Cfr. Caritas in Veritate, no 24 
[5] Cfr. Caritas in Veritate, no 24 
[6] Caritas in Veritate, no 65 
[7] Op. Cit. 24, no 36 
[8] Diario El PAIS (España) “Elogio de la metamorfosis” (2010).

Comments

  1. Monica's avatar
    Monica
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    Me interesa leer este tema completo. Lo envían por correo? Algún sitio donde leerlo? Gracias

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