Los Desastres Naturales Como Retos Morales

1 Comment(s) | Posted | by Jorge José Ferrer |

LOS DESASTRES NATURALES COMO RETOS MORALES

Jorge José Ferrer, S.J.

Recinto de Ciencias Médicas – Universidad de Puerto Rico

 

Tradicionalmente hemos dicho que la ética se ocupa de los actos humanos. Es decir, solamente las acciones humanas llevadas a cabo con suficiente conocimiento y deliberación son susceptibles de valoración moral. Por lo tanto, a primera vista parecería que los desastres naturales caen fuera del campo de la moralidad. Sin embargo un creciente cuerpo de bibliografía, sobre todo en las ciencias sociales, cuestiona que los desastres –al menos la mayor parte de ellos- sean eventos puramente naturales. El desastre tiene, por lo general, un amplio componente social.

¿Qué es un desastre? La primera acepción del término “desastre”, en el Diccionario de la lengua española de la RAE, es “Desgracia grande, suceso infeliz y lamentable.” Pero es evidente que esa definición, siendo verdadera, no nos ayuda mucho para desarrollar nuestra reflexión. Escribiendo desde la óptica de la salud pública, Sarah K. Geale nos dice que se trata eventos destructivos que requieren un amplio espectro de recursos de emergencia para asistir y asegurar la supervivencia de las poblaciones azotadas. Por último, citemos a la eticista Naomi Zack. La autora define el desastre como “un evento (o serie de eventos) que daña o mata un número significativo de personas o que de otra manera perjudica o interrumpe severamente su vida diaria en la sociedad civil”. Combinando estas definiciones, podemos decir que un evento se califica como desastre por sus efectos sobre la vida humana y también. Son eventos que causan muerte y devastación. Desarticulan, además, las vidas de los sobrevivientes, en mayor o menor grado, porque interrumpen la rutina diaria y ponen en peligro el acceso a los medios ordinarios de subsistencia. Las comunidades impactadas necesitan ayuda exterior, normalmente ingente, para poder manejar sus situaciones y ponerse en vías de recuperación.

Ha sido habitual distinguir entre los desastres causados por la acción humana, como las guerras, y los que tienen su origen en las fuerzas naturales, como terremotos y huracanes. A estos últimos se les ha solido llamar “desastres naturales”. Sin embargo cabe preguntarse, como ya se ha sugerido, si debemos hablar de desastres (estrictamente) naturales. Parece prudente distinguir entre el evento natural (por ejemplo, los huracanes Irma y María, que el año pasado azotaron la zona del Caribe) y los daños que del mismo se siguen para las vidas de los seres humanos. Aunque es concebible que haya algunos eventos naturales que afectan a todos por igual en una Región (la erupción del Vesubio a los habitantes de Pompeya, por ejemplo), no es eso lo usual.

En otras palabras, para entender los desastres es preciso tener en cuenta los factores sociales implicados en su génesis y desarrollo. Los riesgos asociados a los desastres están vinculados con la vulnerabilidad creada por la distribución social de la riqueza y el poder. A mayor grado de vulnerabilidad social, mayores serán los efectos negativos ocasionados por la exposición al azote de un evento natural.

Por ejemplo, las personas que viven en situaciones económicas y sociales adversas, tienen viviendas peor construidas, ubicadas en lugares menos seguros. Tienen, además, menor acceso a la información y a los medios para recuperarse de los daños ocasionados por el desastre, como pueden ser ahorros o pólizas de seguro. Lo hemos visto en nuestra Región después del paso de los huracanes. Las casas bien construidas han soportado el embate de los vientos. Y, en general, los mejor situados socialmente han tenido una desarticulación mucho menor en sus vidas. En Puerto Rico, para poner un ejemplo que conozco de primera mano, el huracán María ha puesto al descubierto tanto la desigualdad social interna como la desigualdad de la sociedad puertorriqueña, en su conjunto, en su relación colonial con los Estados Unidos.

Si los desastres tienen una relación directa con la estructura básica de la sociedad, entonces requieren que los teólogos moralistas desarrollamos una reflexión sobre los mismos. Dicha reflexión es más urgente en estos tiempos cuando parece que los eventos climatológicos adversos van a crecer tanto en su frecuencia como en su intensidad. Este dato complica aún más el problema moral, porque dichos crecimientos parecen estar vinculados al cambio climático. En diciembre de 2017, la organización Energy and Climate Intelligence Unit (británica) publicó un informe titulado Heavy Weather. En el mismo se hace revisan 59 estudios publicados entre 2015 y 2017. Cuarenta y uno de ellos concluyen que el cambio climático ha incrementado el riesgo de que ocurran eventos extremos. Los mismos se traducen en miles de muertos y en pérdidas económicas calculadas en los miles de millones de dólares (o euros). Y el cambio climático está ligado a las acciones humanas: deforestación, desertificación, combustibles fósiles y el consumo desenfrenado, tanto por las poblaciones de las sociedades industrializadas como por las élites acomodadas de los países pobres.

Los desastres naturales nos imponen, pues, serias exigencias morales. De una parte, nos llaman a trabajar en favor de la justicia social, tanto en el interior de cada uno de nuestros países como –en tiempos de la globalización- en el plano cosmopolita. Pero también nos convocan a la responsabilidad eclesiológica y a la austeridad en el consumo, haciéndonos eco de las enseñanzas del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común (Laudato Si, véanse, sobre todo, el número 34 y los números 203-208) y la superación de la cultura del descarte. En resumen: los teólogos moralistas no podemos seguir dejando los desastres fuera de nuestra agenda de trabajo. Representan uno de los grandes retos morales en estos albores del siglo XXI.

 

Bibliografía para empezar

Francisco, Carta encíclica Laudato Si, Roma, 24 de mayo de 2015. Link: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Geale S. K, The Ethics of Disaster Management: Disaster Prevention and Management 21 (2012) 445-462.

Wisner B. et al, At Risk. Natural Hazards, People´s Vulnerabilities and Disasters, London, Routledge, 2004, 2nd edition.

Zack N., Ethics for Disasters, Lahham, Rowman & Littlefield,2009.

Comments

  1. Miguel Angel Sanchez Carlos's avatar
    Miguel Angel Sanchez Carlos
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    Me parece muy adecuado ubicar los desastres naturales en "un contexto de clase social", lo cual muestra que "lo natural" puede convertirse en una perspectiva ideológica que oculte la problemática moral del problema, como muy bien lo señalas en tu artículo. Y todavía me parece más esclarecedor el que lo ubiques en un contexto de colonización, como sucede en la relación entre EU y Puerto Rico. Muchas gracias por tu colaboración, que da pistas muy interesantes para reflexionar. Un abrazo desde Ciudad de México.

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