Violencia de Género: Un asunto pendiente en la teología moral

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Violencia de Género: Un asunto pendiente en la teología moral

por Jutta Battenberg Galindo

 

 

La violencia es una actividad común y frecuente en el ser humano de origen cultural cuya primera fuente, de acuerdo con Santiago Genovés, es la búsqueda de liderazgo y poder. Sin embargo, la familiaridad que se tiene con ella no la hace justa, ética ni deseable, sobre todo por quien la padece; mucho menos cuando esta se ha institucionalizado y afecta a la mitad de la población simplemente por el sexo con el que se nace.

A veinte años de la declaración de las Naciones Unidas “sobre la Erradicación de la Violencia Contra las Mujeres” así como del compromiso de sus países miembros, de los esfuerzos locales para legislar, los recursos económicos destinados a visualizar la situación y el apoyo otorgado a las víctimas, las cifras aún son alarmantes a nivel mundial y, de manera especial en los países latinoamericanos, sin importar la condición socioeconómica ni la educación. Lo más alarmante del problema radica en que ésta se ejerce en primer lugar en el ámbito familiar, es decir, el espacio que mayor seguridad, protección y cuidados debe dar a sus miembros.

En la complejidad de la violencia en contra de las mujeres intervienen factores individuales, familiares y sociales generados por normas colectivas y culturales que perpetúan la desigualdad entre los géneros y que favorecen la discriminación en contra del sector femenino. La dificultad radica en la creencia inconsciente, presente aún en muchos seres humanos, de la superioridad del varón, además del desprecio y la desconfianza que existen sobre ellas, como si el sexo las hiciera en sí mismas deficientes y perversas.

La violencia de género es un asunto relacional en el cual las mujeres, si bien son las víctimas, también participan desde la idea de su propia indefensión, dependencia y en muchas ocasiones culpabilidad. Aun cuando razonablemente esto carece de sentido, por siglos la ciencia, la filosofía y aún la teología argumentó en contra de ellas y los esfuerzos por superar esta situación, casi todos ellos iniciados, dirigidos e impulsados por feministas todavía no obtienen el reconocimiento y el apoyo absoluto de la masculinidad en particular y de las sociedades en general.

De ahí la importancia de trabajar en la dignidad y el empoderamiento de las mujeres, por un lado y en la sensibilización de los varones desde los primeros años de vida tanto en el ámbito privado como en el público, por el otro, para conseguir la superación del problema basada en la consciencia y no solamente sostenida por la legalidad.

El aspecto legal es importante por su capacidad de persuasión y para no dejar en la impunidad las agresiones cometidas; sin embargo, es insuficiente para asumir la justa postura del reconocimiento de la dignidad de las otras. Por lo tanto, es importante y fundamental considerarlo sólo como un primer momento mientras se desarrolla una nueva consciencia social frente al tema.

La violencia de género no sólo afecta a las mujeres, también a los varones pues les impide encontrar en la mitad de la humanidad, hacia la cual se viven atraídos independientemente de su orientación sexual, un igual para resolver los múltiples retos que implica la existencia.

 

Notas:

Para mirar  las campañas establecidas por los países miembros de la ONU ver: www.unwomen.org

Para profundizar el tema desde la perspectiva del sistema interamericano de garantías y del Magisterio de la Iglesia ver respectivamente:

http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_15081988_mulieris-dignitatem_sp.html

 

 

 

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